El fraude oculto al consumidor tecnológico: La obsolescencia programada

Fecha:
Oct 5 2015 10:10AM

La obsolescencia programada u obsolescencia planificada es la determinación o programación del fin de la vida útil de un producto, normalmente vinculado a la tecnología, de modo que, tras un período de tiempo calculado de antemano por el fabricante o por la empresa durante la fase de diseño de dicho producto, éste se torne obsoleto, no funcional, inútil o inservible.

Hoy en día, es un hecho fácilmente constatable que el fraude al consumidor abarca una amplia gama de prácticas engañosas y fraudulentas que van desde la publicidad, la comercialización, la venta y/o el suministro de toda clase de bienes o servicios. El fraude al consumidor tiene múltiples manifestaciones, pero habitualmente se produce cuando un producto o servicio no funciona en la forma en la que se anuncia o fue representado para llevar a cabo.

Denominamos obsolescencia programada u obsolescencia planificada a la determinación o programación del fin de la vida útil de un producto, normalmente vinculado a la tecnología, de modo que, tras un período de tiempo calculado de antemano por el fabricante o por la empresa durante la fase de diseño de dicho producto, éste se torne obsoleto, no funcional, inútil o inservible.

El potencial de la obsolescencia programada es considerable y cuantificable, ya que se utiliza en una gran diversidad de productos tecnológicos. Es altamente beneficioso para el fabricante, dado que en algún momento fallará el producto y obligará al consumidor a que adquiera otro más satisfactorio, ya sea del mismo productor —mediante adquisición de una pieza para arreglar el viejo producto o por compra de un modelo más nuevo—, o de un competidor, factor decisivo también previsto en el proceso de obsolescencia programada. Para la industria, esta actitud estimula positivamente la demanda al alentar a los consumidores a comprar nuevos productos de un modo artificialmente acelerado si desean seguir utilizándolos.

El resultado además del fraude o del engaño producido, al ocultarse deliberadamente dicha información no puede sino provocar en los ciudadanos desconfianza respecto de las empresas que acometen este tipo de prácticas. Por ello, se preconiza la necesidad de la existencia de un etiquetado sobre la duración de vida o el número estimado de utilizaciones de los productos para que el consumidor pueda escoger en el momento de la adquisición con pleno conocimiento de causa. Por tanto, debe considerarse útil el hecho de establecer un sistema que garantice una duración de vida mínima de los productos adquiridos.

Actualmente no existen otras legislaciones sobre la duración de la vida de los productos ni normas europeas que permitan evaluarla. No obstante, empiezan a surgir iniciativas en el marco del etiquetado medioambiental. Pero la crisis está cambiando las conciencias y cada vez son más las voces que recuerdan que la necesidad mantener una tasa mínima de renovación de productos no significa que haya que aceptar abusos. Además, genera toneladas de residuos que podrían evitarse.

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